Evolución Histórica de los Granderos
   Fin de la Guerra de la Independencia

Luego de la marcha de San Martín, y perdido el apoyo de Buenos Aires por la guerra civil que ésta enfrentaba, las fuerzas de la División de los Andes, desamparadas, disminuyeron en hombres y fuerza. Por esta causa, sus oficiales y tropas pasaron en masa a las unidades peruanas.

En 1823, los Granaderos emprendieron la segunda campaña a puertos intermedios. Iban al mando del General Alvarado. Participaron en los desastres de Torata y Moquegua, del 19 y 21 de enero, concretando la famosa carga que protegió la retirada de los patriotas en esta última.

Finalmente, el transporte que los conducía de vuelta a Lima, naufragó a doce leguas al Sur de Pisco, y entonces, extraviados en los arenales, con los recados al hombro, supieron soportar con entereza aquella terrible calamidad. Estaban al mando de Juan Lavalle. "Cerca de 100 cadáveres insepultos esparcidos por la lúgubre mansión del desierto, marcarán por siglos el camino que llevaron, y perpetuarán el recuerdo de sus padecimientos", escribirá Miller en sus Memorias.

La situación de derrota, el abandono por parte de Buenos Aires y las disoluciones de unidades incorporadas al Perú, trajeron malestar en las viejas tropas de los Andes, por lo que finalmente se produjo la defección de parte de éstos, en El Callao. Posteriormente, parte de las tropas comenzaron a retornar a la Patria.

Así, en la última campaña de la Independencia asistieron, primeramente, al Combate de Junín, el 6 de agosto de 1824, al mando del Coronel Alexo Bruix. Este combate fue exclusivamente de caballería, realizado a sable y lanza, y sin disparar un solo tiro. En la última batalla de la Independencia -Ayacucho- los Granaderos a Caballo formaron en el centro de la línea de batalla, integrando la división del General Miller, compuesta por: los Húsares de Junín, Granaderos de Colombia, Húsares de Colombia y Granaderos a Caballo de los Andes.

Dijo Sarmiento: "En 1826, un día los vecinos de Buenos Aires acudían en tropel a ver entrar a 120 hombres al mando del Coronel Bogado, últimos restos de los Granaderos a Caballo, que volvían después de trece años de campaña por todas aquellas Américas, como ellos decían, a deponer sus armas en el parque donde las habían tomado, anunciando que no quedaba un español armado en todo el continente. Sus armas y sus estandartes formaron un trofeo en la sala de armas. La tarea estaba terminada. ¡No sabemos si la Patria les dio las gracias! Siete soldados volvieron, los únicos que quedaban vivos o reunidos en cuerpo de los que salieron del Retiro. De éstos, sí sabemos que no fueron distinguidos por pensión ni gracia alguna".

De un total aproximado de 1.000 hombres -éste es el número que se calcula para las filas de los Granaderos a Caballo en toda su historia- sólo 120 volvieron. El resto había quedado a lo largo de todo el continente, sirviendo en otras unidades de caballería de naciones hermanas como Chile y Perú, y afincados, después de retirados, en esos países. Muchos habían perecido en las batallas.

Así, cuando arribaron los restos del glorioso Granaderos a Caballo de los Andes, el Presidente Rivadavia decidió transformarlos en su Escolta Presidencial, por decreto del 23 de abril de 1826. Luego, los envió al frente de la guerra contra el Imperio del Brasil. Una parte de éstos fueron destinados a la Banda Oriental, como Escolta del General en Jefe del Ejército de Operaciones, el General Alvear. Participaron en las campañas de la guerra, hasta Ituzaingó. Terminada la guerra, desaparecieron.

Ello sucedió hasta 1903, cuando fue recreado el Regimiento de Granaderos a Caballo "General San Martín". Más tarde, en 1907, fueron designados Escolta Presidencial.
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Regimiento de Granaderos a Caballo
           "General San Martin"