El Invernáculo
      Cuando el 24 de Octubre de 1580, Juan de Garay repartiera las tierras río arriba entre los primeros pobladores de la Ciudad de la Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires,dieciocho de estas 'suertes' o 'chácaras' pertenecieron a lo que es hoy el Municipio de Vicente López.

      La suerte Nº 39, de unas 400 varas de frente y una legua de fondo (hoy Av. de los Constituyentes) con límites laterales entre las actuales calles de Malaver y Villate, correspondió a Rodrigo de Ibarrola. A partir de esto, es difícil seguir el rastro de los propietarios hasta el siglo XVIII. Es en 1779 cuando Manuel de Basavilbaso, Alcalde de primer voto del Cabildo de Buenos Aires y Administrador General del Correo del Virreinato, compra la 'suerte' de Ibarrola. Su hija y única heredera, Justa Rufina de Basavilbaso y Garfias, se casa con su primo hermano Miguel de Azcuénaga y Basavilbaso, más reconocido por su actuación como vocal de la Primera Junta de Gobierno del 25 de mayo de 1810. El matrimonio tuvo predilección por la Chacra de Los Olivos -como ya se conocía el paraje por entonces- que recorrían con caballos de silla mientras hacían abrir los caminos a fuerza de hacha y guadaña ó renovaban los frutales. A la quinta concurrían los familiares de Azcuénaga, su hermana Ana casada con el Virrey Olaguer Feliú, así como Flora casada con Gaspar Santa Coloma que eran vecinos y propietarios de la quinta 'San Antonio', ubicada entre las actuales calles Roca y San Martín. Los prolegómenos de los sucesos de 1810, luego la guerra de la independencia, los alejaron por un tiempo de la chacra.

      Los hijos del matrimonio Azcuénaga Basavilbaso fueron: María del Rosario (que falleció soltera), Miguel José (soltero también), Antonia (casada con Mario Lozano y sin sucesión) y Manuela (casada con su primo hermano José Antonio de Olaguer Feliú y Azcuénaga quiénes tuvieron seis hijos, dos de ellos ciegos).

      En 1828, al fallecer Justa Rufina Basavilbaso heredan la quinta Miguel José y Manuela de Azcuénaga. El 19 de diciembre de 1833 muere, en la quinta, Miguel de Azcuénaga. La calle de Vicente López que corre a la vera del ferrocarril al Tigre -antiguo 'Camino del Bajo'- lleva hoy su nombre.

      Miguel José compra y cría caballos, de ahí el nombre de 'Cabaña Azcuénaga'. Se dedica también a hermosear la quinta y para ello cuenta con la colaboración de su amigo, el arquitecto y pintor Prilidiano Pueyrredón, hijo del Gral. Don Juan Martín de Pueyrredón. Él es quién proyecta el plano de la quinta, en base al cuál se construye el edificio que aún se conserva con algunas modificaciones posteriores. Ésta fue la primer obra de Prilidiano en nuestro país, aunque no dirigió personalmente la construcción. Pudo verla realizada a su vuelta de Europa en 1854.

      La quinta se embelleció con la nueva construcción y con las obras de parquización. Miguel José vivió la mayor parte de su tiempo en su casa de la calle Torres. Luego de la muerte del Coronel Dorrego, se desterró en Chile hasta la caída de Rosas.Ya anciano, testó en favor de sus sobrinos Olaguer Feliú Azcuénaga, muy queridos por él. Repartidas las propiedades de la herencia, la quinta pasa a nombre de Antonio Justo Olaguer Feliú, 'el ciego humanitario', quién quedó soltero y sin sucesión directa. Al morir en 1903, la heredad pasó a manos de su sobrino Carlos Villate Olaguer. Se estima que por ese tiempo la quinta se reduce a los límites actuales entre Av. Maipú y el río.
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