Su Formación
  Por Real voluntad, Oficial a los 15 Años


Las campañas del Rosellón ejercieron gran influencia sobre la preparación militar de San Martín para combatir y operar en ambientes montañosos y lo prepararon para su hazaña en el escenario gigantesco de los Andes.

Los Pirineos constituyen la frontera natural entre España y Francia. Se trata de una cordillera central, axil, y dos cordones paralelos, con alturas de 1.500 metros en su parte occidental, 3.500 en la central y 2.500 en la oriental. Dos grandes ríos discurren a su largo: el Garona en el norte, en Francia, que desemboca en el Atlántico; el Ebro al sur, en España, que va al Mediterráneo. Dos importantes ciudades son la llave para el control de los valles principales de acceso y tránsito de la región: Zaragoza, en España y Tolosa, en Francia.

Varios caminos principales superan los Pirineos y convergen hacia Perpiñán, la capital del Rosellón. En su itinerario, cruzados por diversas vías transversales, se tocan numerosas localidades pirenaicas, de las que destaca Boulou, que controla los accesos principales del área. Desde Perpiñán y a lo largo del río Tet y desde Boulou y a lo largo del río Tech, discurren sendos caminos hacia otros pasos de los Pirineos. El primero llega a un tercer acceso que une Bourg Madame, en Francia, con Puigcerda, en España.

Como en toda acción bélica a través de montañas, las exigencias básicas iniciales estaban referidas a la cobertura de los desemboques que permitieran actuar, en este caso, en el norte de los Pirineos y a su control, para impedir las acciones enemigas hacia el sur. Las operaciones con efectivos importantes reclamaban, a su vez, el control de zonas de recursos, y la naturaleza tan particular del conflicto ideológico-político que se desarrollaba exigía la pronta captura de los sitios, en particular, en este caso, de la capital Perpiñán. El mar, sobre uno de los flancos de los contendientes, mostraba las perspectivas ciertas de grandes ventajas para aquel que lo controlara.

En este escenario el cadete San Martín, del segundo batallón del regimiento Murcia "El Leal", hizo sus primeras armas en la guerra y conquistó los primeros ascensos de su carrera de oficial.

Francia vivía el drama de la revolución política más importante de su historia. España, gobernada por Carlos IV de Borbón, sufría el nadir de su decadencia. La Francia revolucionaria enfrentaba a las monarquías coaligadas e inicialmente vencidas en Valmy y Jemappes. España, a su vez, había concretado una alianza con Austria, Prusia, Rusia, Suecia e Inglaterra y desarrollaba gestiones para obtener la libertad de los monarcas franceses que se encontraban presos.

En 1792, ante las amenazas que se cernían sobre la revolución y con el territorio de Francia invadido, Luis XVI es condenado a muerte por el voto decisivo de su primo, Felipe. Las gestiones de Godoy para la liberación del Rey y su familia quedaron así totalmente invalidadas y el 7 de marzo de 1793, finalmente, y en respuesta a la declaración de guerra de los franceses, España hacía lo propio y concentraba sus fuerzas en la frontera pirenaica para iniciar las acciones bélicas.

Expondremos sintéticamente el desarrollo de las operaciones de guerra hasta la paz de Basilea, indicando la presencia que, en cada caso, tuvo la unidad en que revistaba San Martín.

Los españoles desplegaron, inicialmente, tres ejércitos sobre la línea de los Pirineos. El principal, de 50.000 hombres, llamado Ejército de Cataluña, se escalonaba desde Barcelona hacia el norte, hasta Figueres, al mando del general Antonio Ricardos. Debía operar ofensivamente sobre el Rosellón, a favor de la superioridad numérica con que contaba inicialmente. En el oeste, un ejército de 15.000 hombres debía proteger las fronteras de Navarra y Guipúzcoa y se hallaba a las órdenes del general Ventura Caro, marqués de la Romana. Cubiertas las dos zonas principales de acceso transpirenaico, se destacó un cuerpo de 5.000 combatientes al mando del general príncipe de Castelfranco, para proteger los flancos y actuar como reserva del ejército de Cataluña.

San Martín, de guarnición en Málaga, es trasladado, en 1793, con su batallón a Zaragoza, donde entra inicialmente en jurisdicción y autoridad del Ejército de Aragón. Poco después su compañía, la cuarta, es adelantada a La Seu d'Urgell, en dirección norte hacia Andorra. Mientras tanto los franceses se habían desplazado a su vez a Puigcerda, bajo el mando del general Dagobert. Por su parte, Ricardos debe operar sobre el Rosellón, defendido por el general La Ouliere. Para ello eludió lo que Lidell Hart llama la "línea de menor espera" y escogió la "aproximación directa", evitando penetrar en territorio francés por La Junquera-Le Perthus. Para asegurar su flanco oeste, ocupó la margen del río Tech y operó en dirección a Le Boulou con toda la masa de sus fuerzas, logrando su captura en una semana. De esta forma quedó en manos del jefe español el nudo de las comunicaciones terrestres que, rápidamente, se convirtió en un campo atrincherado. Finalmente decide, el general Ricardos, eliminar las amenazas que en el otro flanco, el este, significaban los fuertes de Collioure, Saint Elme y Port Vendrés, ya sobre el Mediterráneo.

El 17 de junio de 1793, en el palacio de Aranjuez, el Rey Carlos IV de Borbón, firmaba el despacho de ascenso a segundo Subteniente de la 4a compañía de fusileros, del 2° batallón del Regimiento de Murcia, del hasta entonces cadete José Francisco de San Martín. El 8 de julio, en su cuartel general de Thuir, el general Ricardos dispone el cúmplase de la real voluntad. El futuro Libertador es así, a los quince años, oficial en el famoso ejército de los grandes caudillos militares.

A fines de octubre el general Ricardos dispone que el 2° batallón del Murcia se desplace a Prats de Molló, sobre el río Tech, para subordinarse al Conde de Molina. El nuevo agrupamiento debía atacar en dirección a Torre Batera y La Creu de Ferro, eludiendo por el oeste las posiciones enemigas de Peraldá y Mont Boulou. En estas acciones interviene con todo éxito San Martín.

Pasado un período de inactividad, por la inclemencia del tiempo, Ricardos se sintió asediado por efectivos franceses cada vez más numerosos. La movilización "en masa" les había proporcionado 300.000 ciudadanos para marzo, y 500.000 para agosto de ese año. Frente a estas fuerzas el general español opera con sus 40.000 hombres con acciones ofensivas, apoyadas en el área atrincherada de Boulou.

A la sazón, el ministro Godoy propuso al monarca español un plan, que había sido inspirado por Doumouriez al zar Pablo I, destinado a desembarcar en Normandía, Francia, un ejército aliado ruso-dinamarqués de 36.000 hombres, con el apoyo naval inglés y español. Siguiendo estos propósitos estratégico operacionales y con el fín de asegurar el control del litoral marítimo del Mediterráneo, que permitiera aprovechar el poder naval, el general Ricardos resolvió adueñarse de los fuertes de Banyuis-sur-Mer, Port Vendrés y Saint Elme. Con tal fín se constituyó una agrupación de combate bajo las órdenes del general Curten con el resultado de la captura de las alturas de Mont Boulou, Saint Marsall y las baterías de Villalonga. En todas estas acciones San Martín revistó en la 4a columna del general Carbajal.

El Mariscal de campo De la Cuesta, que había de ganar sólida reputación en las luchas contra Napoleón, reemplaza ahora al general Curten y toma a su cargo las acciones a lanzar contra los fuertes de Port Vendrés, Collioure y Saint Elme. En sus fuerzas están los batallones del Regimiento de Soria y también los del Murcia: en ellos revistan, precisamente, los tres hermanos San Martín. Nuevamente el ejército español conquista sus objetivos y obtiene una victoria.

Simultáneamente se desarrollan otras acciones que empujan a las fuerzas francesas a encerrarse en Perpiñán, cambiando radicalmente la situación: los ejércitos franceses han vuelto a sus fronteras del norte y del este.

Ante esta realidad, el ministro francés Carnot arroja constantemente nuevos contingentes en la balanza militar, en la que se juega la suerte de Francia y de Europa, y donde ya luchan nueve ejércitos franceses con 750.000 hombres. Tolón había sido recuperada, en otro frente, por el acierto táctico de un joven y desconocido Capitán de artillería llamado a ser el ''hombre del destino": Napoleón Bonaparte. En Madrid las estructuras reales crujen agitadas por la corrupción, la cortesanía, las nuevas ideas y la acción de la masonería. El comandante victorioso, Ricardos, acaba de fallecer y toma el comando el conde de la Unión, su lugarteniente. Obviamente las perspectivas, al recomenzar las operaciones, ya no eran las mismas.

Integran ahora ejército de Cataluña, junto con las tropas españolas, una legión San Martín, cadete del Regimiento Murcia, estudio e pastel de Jorge González Moreno. Museo del Regimiento de Granaderos a Caballo, Buenos Aires Nombramiento de San Martín para la segunda subteniencia de la IV Compañía del II Batallón del Regimiento de Infantería de Murcia, 1793. Los franceses, como queda dicho, habían reforzado considerablemente sus efectivos comandados, en esa zona, por el general Dugoumier. Ello obligará al conde de la Unión a repasar los Pirineos, abandonando la masa de su artillería. No obstante, ocupará al sur de la cadena montañosa, ya en territorio español, la línea general de San Lorenzo a la Moga - Llausa, apoyada en su centro sobre la fortaleza de Figueres. De tal modo el frente quedará sustancialmente estabilizado. Simultáneamente, en los Pirineos occidentales, se desarrollaron diversas acciones a cargo del Virrey de Navarra, Martín Alvarez de Sotomayor, por el lado español, y del general Muller, del lado francés, y en las que se distinguió un joven general que sería luego Mariscal del Imperio: Moncey.

Corría el año 1794 y el conde de la Unión ya había decidido replegar sus fuerzas hacia España. Una de estas acciones de retirada es la salida del 2° batallón contra la ermita de Sant Lluc, ataque en el que participa San Martín, según consta en su foja. Más tarde los batallones del Murcia, a órdenes del general Navarro, defienden las plazas de Port Vendrés y Collioure. Se lee en la foja del emancipador que lo hacen "resistiendo el ataque que dan los enemigos al oeste, en mayo de 1794". Luego participa San Martín en el ataque a las baterías francesas del general Dugoumier, en proximidades de San Telmo. Finalmente, los efectivos del Murcia se constituyen en guarnición en Collioure, hasta que el general Navarro capitula, el 26 de mayo de 1794, cesando toda resistencia en la región. San Martín es ahora prisionero de guerra.

Dicen las Ordenanzas Militares Españolas que "ser prisionero sin menoscabo del honor militar, es un acto de servicio". La capitulación permite a San Martín, según era la práctica en la época, el regreso a España, junto con sus compañeros, bajo el compromiso de no hacer armas hasta la firma de la paz.

En julio de 1794 San Martín es ascendido a primer Subteniente y en mayo del año siguiente, antes de la firma del Tratado de Paz de Basilea, es nuevamente ascendido a 2° Teniente. Su "cursus honorum" militar nos lo muestra a los 17 años como un soldado en brillante tránsito profesional.

La paz, con honor, se hizo. España sólo perdió el actual territorio de Haití, en la isla Santo Domingo, y recuperó todo lo ocupado por los franceses en la península. Al mismo tiempo el Tratado de Basilea constituía al monarca español en árbitro de las cuestiones de Francia con Portugal, Nápoles, Cerdeña y los Estados Papales. La consecuencia decisiva para la marcha de la historia fue, en cambio, que España se convirtió en satélite de Francia.

En la relación de causas y efectos que determinan los procesos históricos, queda también como consecuencia relevante de esta guerra, la promoción de Godoy, ahora Príncipe de la Paz, a un nivel de autoridad importantísima. Su influencia habrá de ser uno de los factores negativos y de deterioro determinantes en los sucesos que llevaron primero, al motín de Aranjuez y luego, a la abdicación de Carlos IV y, consecuentemente, a los sucesos de Bayona. Estos traerán la guerra llamada de la Independencia de España y, necesaria y naturalmente, los graves problemas políticos y militares en América que provocarán, al final, su emancipación.

La alianza con Francia significará la lucha contra Inglaterra y, después del 2 de mayo de 1808, y al enfrentarse entonces España contra Napoleón, el poder naval inglés, dueño de los mares desde Trafalgar, tendrá fundamental importancia en el apoyo a la insurrección americana.

Cuando San Martín arribó al Plata llegó un hombre maduro plenamente, y forjado en muchas, difíciles y muy complejas vicisitudes; con claras y sólidas ideas y con la experiencia vital sensible, recogida como actor de conflictos desarrollados con la violencia de las armas . Traerá también en el espíritu las lecciones que da el conocimiento de muchas de las figuras del drama bélico en Europa, a quienes conoció y admiró el joven oficial San Martín. Surgen así los nombres de Wellington, Antonio Malet, el marqués de Coupigny; los generales Ricardos, Urrutia y Castaños; el brigadier Francisco Solano y Ortiz de Rosas, de quien fuera edecán militar y testigo de su vil asesinato en Cádiz. Aparecen, igualmente, los nombres de los Mariscales de Francia: Augereau, Duque de Castiglione, de quien dijo Desaix que era un soldado como pocos; Moncey, Duque de Conegliano, de quien afirmó Napoleón que era un hombre honesto, respetado, experto montañés, firme y metódico comandante; Lannes, Duque de Montebello y príncipe de Sieves, de quien opinó también el emperador cuando lo hallé era un espadachín, cuando lo perdí, un paladín; el más bravo entre los bravos, el ideal de un comandante de la vanguardia.

San Martín combatió largos años contra los ejércitos que cantaban "La Marsellesa ": en la guerra de la Independencia española combatió contra Bessieres, aquel que vivió como Bayardo y murió como Turena; contra Soult, el de la mano de hierro y contra el famoso Ney.

San Martín llegará al Río de la Plata siguiendo "el destino que lo llama", cuando a la colosal empresa de Conquistadores y Adelantados la sustituyen simples funcionarios que ya no llegan a América para fundar, civilizar y ganar honras ni conquistar nuevos pueblos para la fé y para el provecho y grandeza de la corona española. El trono de los Reyes Católicos será sólo una simple metrópoli y una frívola corte y, finalmente, será ocupado por un Rey usurpador. Entonces, el pueblo español, aquel 2 de Mayo de 1808, se pondrá de pie, tizona en mano, para recoger sus estandartes caídos en el polvo; para asumir sus derechos y recuperar su independencia, su honor y su gloria.

También eso ocurrió el 25 de Mayo de 1810, a orillas del Plata, cuando el pueblo de Buenos Aires, hermano de los pueblos de Madrid, de Cádiz o de Sevilla, asumió como ellos el poder que revertía al pueblo para que éste ejerciera sus propios derechos políticos.
Horace Nelson (1758 - 1805)
Heroe de Trafalgar
Ascenso de San Martín
Ascenso de San Martín
Nombramiento
de San Martín
Tres capitanas en Trafalgar
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Regimiento de Granaderos a Caballo
           "General San Martin"